El voluntariado ambiental en la espeleología

Artículo elaborado por María Napal y Javi Moreno (Disponible aquí)

Dejar el menor impacto posible en el sensible medio subterráneo debe ser una de las prioridades del buen espeleólogo, casi al mismo nivel que progresar con seguridad y eficiencia: debe integrarse en nuestra formación, conducta y responsabilidad hacia el medio la doctrina de explorar las cavidades “sin dejar rastro”. Pero también es importante que, de vez en cuando, vayamos un paso más allá de esta lógica de mínimos, y nos dediquemos a realizar actuaciones de conservación y restauración activa en cavidades, a practicar nosotros también lo que se llama el “voluntariado ambiental”.

La razón es clara. Los poderes públicos se dedican a dictan normas para regular usos. Tenemos prohibiciones de la autoridad ambiental sobre entrada a cavidad con colonias de murciélagos, o de la autoridad cultural sobre cavidades con yacimientos; se nos exige notificación o autorización previa en cuevas en espacios protegidos o sensibles, e incluso se regula el material que debemos usar en la instalación o que debemos portar de iluminación. Pero, aún cumpliendo estrictamente la normativa, esto es insuficiente para garantizar que el medio subterráneo no sea alterado. El legislador, por muy restrictivo o permisivo que sea, no es capaz de lograr un buen estado de conservación de las cavidades y de los karst, de que su salud sea óptima.

Nos toca a los espeleólogos ir más allá de este sistema público restrictivo y prohibitivo. Y siempre con una premisa: incluso con la mejor de las intenciones, cualquier acción que hagamos tiene una incidencia en el medio, y puede que sea negativa. Conviene, pues, informarse acerca de las diferentes alternativas y sus posibles repercusiones.

Actuaciones de conservación y restauración de cavidades

Detallamos algunas de las actuaciones que los espeleólogos podemos y solemos realizar:
a) Limpieza de cavidades: retirada de restos del interior.
b) El paisaje subterráneo. Balizamiento, retirada de pinturas y reparación de espeleotemas.
c) Cerramiento de cavidades.
d) Más legal: la custodia.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Muchas de estas cuestiones, por su repercusión, han de ser promovidas o, al menos, autorizadas, por la autoridad competente que corresponda (Medio Ambiente, Cultura, Obras Públicas…).

Pero nosotros podemos actuar como:

  • Iniciadores o catalizadores de la actividad, informando de las necesidades mediante denuncias, sugerencias, en nuestros informes anuales…
  • Voluntarios en la realización de la actividad, aportando nuestro esfuerzo y la infraestructura necesaria (e.g. instalación para progresar con seguridad, balizamiento de accesos, organización y coordinación…).

Existen casos en nuestro territorio en que estas actuaciones se han resuelto mediante campos de trabajo con jóvenes. Podemos actuar aquí como conductores de esta fuerza de trabajo.

En resumen, recomendamos siempre contar con las autoridades, que deben estar al corriente, son las últimas responsables, y pueden proporcionarnos una muy valiosa ayuda logística y/o financiera.

Precauciones en todas estas actividades

Debemos actuar con mucho cuidado al realizar tareas de conservación y restauración. A veces, sus efectos colaterales pueden ser incluso más dañinos que el bien que pretendemos conseguir.

Siempre hemos de preguntarnos al diseñar una actividad de este tipo si se han valorado las afecciones de la medida, tanto directas como indirectas. Entre otras muchas, nos haremos las siguientes preguntas:

  • ¿Hemos pedido todos los permisos? Será preciso notificar o, incluso, recabar autorización del órgano gestor para realizar este tipo de actuaciones en Espacios Protegidos, cavidades con yacimientos o en zonas de presunción arqueológica, en cuevas con valores ambientales reconocidos (murciélagos, por lo general, en nuestro derecho). Hay mucho papeleo por hacer, pero tampoco hemos de ceder ante abusos.
  • ¿Está garantizada la seguridad y salud de los voluntarios? Instalaciones revisadas, medidas para evitar caídas de piedras por pozos, zonas resbaladizas reforzadas con pasamanos… y también las ya señaladas medidas de autoprotección de los participantes: buzo desechable, mascarillas, gafas de protección, guantes duros.
  • ¿Se han protegido adecuadamente los bienes y valores de la cavidad? Es muy conveniente balizar las zonas sensibles ante la presencia de un grupo numeroso deambulando por la cavidad.
  • ¿Cómo afecta esta actuación a la fauna? Por ejemplo, retirar restos orgánicos supone llevarse el poco aporte nutritivo que puede haber en un medio subterráneo. Por ejemplo, en el caso de la madera de vagonetas y otros restos mineros que se encuentran en cavidades/minas, los expertos recomiendan llevarse casi todo y dejar un poco. También hay constancia de que el pegamento usado para reconstruir estalagmitas ha servido de nido de bacterias que han alterado el delicado equilibrio ecológico.
  • ¿El patrimonio cultural/paleontológico ha sido debidamente tenido en cuenta? Hay que procurar no remover el sedimento, descartar la presencia de pinturas rupestres, etc.

Si a pesar de ello, albergamos alguna duda, hemos de consultar con los expertos con los que solemos colaborar para despejarlas.

Como siempre, piensa antes de actuar!!!

Algunas de las actuaciones realizadas

  •   Limpieza en la Torca del Carlista
  •   Custodia del Territorio en la Cueva de Goikoetxe (Busturia)
  •   Limpieza de una cavidad en Urdaibai
  •   Limpieza de una cavidad en el Parque Natural de Urkiola